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TESTIMONIO

El Pobrecillo
Hay muchas personas que esperan a Dios o que esperan a llenar sus vidas y sus almas y no acaban de descubrir que Dios y sus almas están ya en lo que están haciendo y viviendo.

La meta de todos los santos es sin duda la imitación de Cristo, y todos de alguna forma lo han logrado al imitar algunas de sus virtudes.  Sin embargo, existe en la Iglesia un santo que siguió muy de cerca de Jesucristo, convirtiéndose en modelo de virtudes cristiana para la gente de su tiempo y también del nuestro.  Se trata de San Francisco de Asís.

Francisco nació en 1181, en le pequeño pueblo de Asís, Italia.  Su familia tenía buenos ingresos económicos, logrado pro el empeño comercial de su padre Pietro de Bernardone.   La infancia y la juventud de Francisco pasaron entre lo lujos propios de su clase.  Era un joven como los de su generación, lleno de aspiraciones, orientado a lograr una buena posición económica y acumular poder, según el deseo de su padre.

Con estas aspiraciones, un día Francisco se fue a la guerra.   En ella conoció la muerte, el hambre y la enfermedad.  Su propia vida estuvo en peligro cuando cayó enfermo y lo atacaron fuertes fiebres.  Esta situación le hizo reflexionar acerca de la poca importancia que tenían el poder y el dinero en los momentos más decisivos de la vida del hombre.  Orientó entonces sus reflexiones hacia Dios y allí encontró la paz y la seguridad que no le daba el dinero.

A partir de entonces su corazón y su vida se transformaron y se propuso un objetivo:  vivir el Evangelio tal cual es.

Y se olvidó para siempre del lenguaje del mundo.  Se quitó todo lo que el sobraba y se hizo mendigo.  Como es natural suponer, todo el mundo lo creyó loco.  El dinero y el poder no tuvieron más lugar en su vida;  se dedicó por completo a la imitación de Cristo poniéndose en manos de Dios.

Se entregó a servir a todos los que encontraba por el camino:  besó al leproso, curó a los enfermos, sufrió por todos, pasó haciendo el bien hasta donde se pudo.

Su abandono en Dios le llevó a encontrarlo en la creación, en la naturaleza entera, y a llevar una vida de absoluta pobreza.  Su ejemplo de vida fue motivo para que muchos los siguieran, y con ellos inició la Orden de los Hermanos Menores.

San Francisco enseñó a la Iglesia una nueva manera de vivir la fe, a diferencia de los lujos que en muchas partes se daban sacerdotes y obispos.  Por eso se dice que San Francisco reformó la Iglesia, y esa reforma consistió en vivir el Evangelio según está escrito, con el seguimiento más radical de Jesús de Nazaret, que pasó haciendo el bien, no tuvo posesiones en la tierra y murió desnudo en una cruz.

San Francisco murió a la edad de 45 años, en 1226, en su pueblo natal.  Su fiesta se celebra el 04 de octubre.

   
 

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